En la pantalla del celular aparecía un comprobante de transferencia por $1 millón. El adolescente que lo mostraba aseguraba que había ganado ese dinero apostando y que, después de conseguirlo, había dejado de jugar. La imagen parecía contar una historia perfecta: entró, ganó y se retiró a tiempo.
Pero el comprobante mostraba solamente el final. No decía cuánto dinero había apostado antes, cuántas veces había perdido ni cuánto tiempo había necesitado para alcanzar esa ganancia. Esas fueron, justamente, las primeras preguntas que surgieron cuando seis estudiantes de secundaria tucumanos conversaron con “Panorama Tucumano”, el programa de televisión de LA GACETA, sobre el avance de las apuestas online entre sus compañeros.
"Sabían más que nosotros": estudiantes tucumanos advierten que las apuestas online llegan a chicos de 10 años“Tengo un amigo que me mostró un comprobante: había ganado un millón de pesos. Le dije que no, que era mentira, que era imposible”, contó Vladas Kazlauskas, alumno del Colegio Sagrado Corazón. “Me agarra, me muestra el teléfono: transferencia, un millón de pesos. Me dijo que desde que ganó no volvió a jugar”.
Frente a esa historia, Agostina Denise Carrizo y Bianca Luna plantearon la pregunta que el comprobante no podía responder: “¿Cuánto habrá perdido para llegar a ese millón?”. Para ganar semejante cantidad, razonaron, probablemente tuvo que apostar muchas veces y arriesgar mucho más dinero del que aparecía en la captura.
En la misma conversación surgió otra historia, aunque esta vez no había celulares, transferencias ni una ganancia para exhibir. María Lucía Lazzarano, alumna del Colegio Pablo Apóstol, contó que el hermano de una amiga llegó a vender objetos de su casa a escondidas para pagar sus deudas.
“Me fui enterando de que iba vendiendo cosas: una puerta, muebles, sillas, decoraciones de la casa, sin que sus padres se dieran cuenta”, relató. Mientras el millón circuló entre amigos como una demostración de éxito, las pérdidas se transformaron en un secreto familiar.
Además de Kazlauskas, Carrizo, Luna y Lazzarano, participaron de la conversación Trinidad De Camillo, del Colegio Pablo Apóstol, y Pedro Storari, del Colegio Sagrado Corazón. Los seis formaron parte del concurso “Territorio Digital: ¿Quién tiene el control?”, organizado por Comfye, y desarrollaron talleres y actividades sobre apuestas online en sus escuelas.
Lo que no muestra una ganancia
Para los estudiantes, la diferencia entre una historia que se exhibe y otra que se oculta no es casual. De Camillo relacionó la ganancia con la necesidad adolescente de sentirse exitoso y con la gratificación inmediata que también ofrecen los videojuegos, los celulares y las redes sociales.
“Al ganar, uno siente que crece. A esa edad todos buscan sentirse mejor, sentirse ganadores”, explicó. Según planteó, la expectativa de obtener una recompensa puede generar una motivación que se repite con cada apuesta, de manera similar a lo que ocurre cuando alguien publica una foto y espera recibir “likes”.
Kazlauskas agregó otro mecanismo: el efecto del “casi ganar”. Quedar cerca del resultado esperado puede provocar más deseos de volver a intentarlo. “El hecho de estar cerca y no llegar a ganar lo que vos querés te sigue incitando a jugar, jugar, hasta alcanzar el monto que pensás”, señaló.
El Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria, elaborado por Sedronar durante 2025, encontró una marcada diferencia por género. El 35,3% de los varones declaró haber apostado dinero durante el último año, frente al 17,7% de las mujeres. En las apuestas online, las proporciones fueron del 28,6% y el 12,8%, respectivamente.
Cuando el juego desplaza otras prioridades
Las consecuencias no se limitan al dinero. Storari explicó que las apuestas pueden provocar distanciamientos, peleas y ocultamientos dentro de los grupos de amigos y de las propias familias. “Lejos de ganar o perder plata, uno termina alejándose de los amigos, dejando de lado a la familia, peleándose, ocultando cosas. Eso también es un daño”, planteó.
Lazzarano describió cómo ese silencio también se construye entre compañeros. En los grupos de WhatsApp pueden aparecer pedidos para no contar lo sucedido o encubrir a quien perdió dinero. Las ganancias se comparten, pero las pérdidas suelen quedar fuera de la conversación.
De Camillo contó que también observaron cómo algunos compañeros perdían el interés por actividades que antes ocupaban un lugar central en sus vidas. Mencionó el caso de adolescentes que se alejaron del rugby y prometían regresar, aunque ya no mostraban la misma motivación.
Storari recordó otro síntoma durante el Mundial: cambios repentinos de humor después de una apuesta. “Al otro día lo vi bajoneado, casi no hablaba. Hay una diferencia entre estar mal por un examen y estar mal porque perdiste plata”, sostuvo.
Un fenómeno que excede las anécdotas
Los testimonios encuentran correlato en los relevamientos nacionales. Una investigación del Observatorio Humanitario de Cruz Roja Argentina, realizada entre 11.421 adolescentes de 231 escuelas, determinó que seis de cada 10 tuvieron contacto directo o cercano con las apuestas online. El 16% reconoció haber apostado y otro 45% dijo conocer a alguien que lo hacía.
Entre quienes apostaron, el 83% utilizó billeteras electrónicas y el 43% recurrió a intermediarios para ingresar dinero. El estudio también encontró que uno de cada ocho adolescentes que jugó quedó endeudado y que el 75% de los consultados reclamó mayor prevención, acompañamiento y controles sobre las plataformas.
En paralelo, las consultas por juego compulsivo a la Línea 141 de Sedronar crecieron un 27% durante 2025 respecto del año anterior. El dato refleja que las historias narradas por los estudiantes no son hechos aislados, sino expresiones de un fenómeno que puede afectar el dinero, los vínculos, el rendimiento escolar y la salud emocional.
“La casa siempre gana”, dijo Kazlauskas durante la conversación. Entre el millón que se muestra y los muebles que se venden a escondidas, la plataforma nunca aparece en la foto. Sin embargo, es la única que cobra en las dos historias.
Esta nota forma parte de una producción especial de LA GACETA que indagará en el crecimiento de las apuestas online entre menores a través de testimonios, datos y voces de especialistas.